EMPANADAS DON ANTONIO : La historia del emprendedor de Haedo

Si bien comenzó con el primer local en el 2005, fue el 2013 con la apertura de la planta de producción y la venta de la primera franquicia de la marca, que comenzó un crecimiento sostenido y se expandió no sólo por la zona oeste sino que además, cruzó la General Paz.

En homenaje a su abuelo, Antonio, la firma líder en el oeste en la producción y venta de pizzas y empanadas tiene una historia donde los vínculos familiares y las amistades se vislumbran como el gran sostén de esta empresa que se expandió con éxito con el correr de los años.

“Soy pastelero”, se define el creador de Don Antonio quien desde muy chico trabajaba con su tío en una panadería: “En el 2001 después de la crisis puse mi primera panadería en Haedo. En ese momento mi suegro, que era quien fabricaba los hornos, me impulso a que haga empanadas”

Según relata Ariel, en ese entonces firmas “monstruo”, como les gusta definirlas, como El Noble Repulgue o Sólo Empanadas tomaban fuerza, sin embargo, puso sus ojos sobre un local de Merlo que se llamaba Época de empanadas. Sin dejar la panadería que ya comenzaban a dar sus frutos, llegaría en el 2005 el primer local de lo que hoy es una cadena de franquicias: “Así arranque, solo en la cocina, con uno de los chicos que es mi mejor amigo, Matías, que hoy es el encargado de la planta y con un delivery, otro amigo mío, Federico, que hoy es el encargado de la logística; ahí arrancamos desde fines del 2005 y desde el día uno que ese local fue un éxito. Nunca paro de trabajar”, señala con orgullo.

“Fue un negocio que empezó a trabajar bien desde el comienzo”, y fue entonces que este emprendedor puso en marcha lo que, revelaría en el transcurso de la entrevista, supo desde el primer momento que incursionaba en el rubro gastronómico: “Desde el día uno, supe que quería franquiciar. Estaba convencido de que quería hacer el mejor producto, que quería llevarlo a un modelo como el de Solo Empanadas, o el Noble Repulgue y pensaba: ojalá que pueda llevarlo, para mi eran un monstruo”, recuerda.

Pocos años más tarde del primer local llegaría el número dos ubicado en Haedo Norte, aunque continuaba también con la panadería: “Fueron años de estar con los tres negocios, a la mañana amasaba en la panadería, después abría la pizzería, volvía… Me había podido comprar un Falcon, horrible, pero con baúl grande, era ir a un local cargar una parte, ir al otro, todo el día de un local al otro. Hasta que la panadería la subalquile”.

                                

Después de un año que el local de Haedo comenzó a dar sus frutos llegaría el turno del ubicado en Villa Luzuriaga, en el 2011. Siempre con la misma aceptación del público y siempre, con sus amigos cerca. Así lo cuenta Ariel: “cuando abrimos el de Luzuriaga, necesitábamos más personal, así que traje a otro de mis mejores amigos que al día de hoy  continúa, es el encargado de visitar locales, de la parte de supervisión, Mariano. El año pasado incorporamos además a Jorge, que cuenta con más de 20 años de trayectoria en El Noble, como Gerente de la empresa”

“Durante dos años estuvimos con esos tres locales, hasta que en el 2013 abrimos el de Avenida de Mayo, en Ramos que fue un gran cambio en la marca, porque siempre habíamos apuntado al barrio y ahí fue donde la marca comenzó a tomar vuelo”

Ya con tres locales propios llegó el momento de pensar en una planta donde centralizar la producción: “En el 2013 inauguramos la primera planta, haciendo el 100% del producto elaborado por la empresa. En esta planta se encuentra la cocina, la elaboración de empanadas, desde el relleno hasta la empanada terminada y la fabricación de pizzas. Allí también se encuentra la parte de logística”, precisa.

Ese mismo año llegaría la venta de la primera franquicia en Morón y desde ahí abrieron sostenidamente todos los años. Actualmente cuentan con 22 locales, 17 en zona oeste, 4 en capital y 1 en zona sur. Para lo que resta del 2018, y aunque precisa que fue un año complicado por la situación del país, proyectan dos aperturas más en Capital y una mas en zona oeste, en General Rodríguez.

                               

“Desde que abrimos franquicias fue un furor. El primer año abrimos 6, el segundo año, 8”, y como a cada paso, “fuimos aprendiendo en el momento”, señala Ariel, “Si bien había una persona que se dedicaba a desarrollar la franquicia, también era nueva en el rubro, fuimos creciendo de la mano todos.”

Los proyectos siguen a paso firme en los pasillos de Don Antonio donde es común cruzarse a familiares y amigos de su creador: “Ahora armamos una segunda planta, donde se armó más a futuro. Sabemos que si seguimos creciendo tendremos que irnos a un lugar más amplio, a un parque industrial. Es un sueño que tengo, pero porque la marca ya toma otra envergadura y además para tener todo centralizado. Si bien estamos a una cuadra, es complicado estar en los dos lados”, sostiene Ariel.

La calidad de la materia prima, las recetas, se traducen en el slogan de la empresa: “El sabor de lo casero”.  El objetivo fue y sigue siendo mantener la esencia casera en un proceso industrial: “Las recetas son mías, que fui mejorando con el tiempo, pero siempre manteniendo la esencia, ahora industrializado, pero el corazón que es la cocina, sigue siendo 100% casero”.

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Fuente: www.vivieloeste.com.ar